Bienvenidos a este rinconcito de magia y fantasía, dónde el alma puede soñar y la mente se libera, donde todo es posible, donde mi "locura" queda plasmada en letras.
Procuro hacer de este lugar, un remanso de paz, un punto de encuentro con otros que como yo, ven el mundo con ojos de poetas.
Un vuelo mágico donde el tiempo pierda sentido y el reloj se inútil.
Será un portal hasta mi alma, cada palabra es una pieza en el puzzle de mi vida.
Los invito recorrerlo y a soñar juntos, solo es necesario un poquito de magia en el corazón...


lunes, 14 de mayo de 2018

La niña interior

La niña interior
Desde muy pequeña las letras latían muy dentro de su ser, pujando por salir, arremolinándose descontroladas, cada vez que sentían el olor a tinta en sus dedos. Aún no lo sabía, pero por alguna razón amaba los block de hojas en blanco, los cuadernos, las hojitas perfumadas que le regalaban sus primas, cuando venían de la ciudad. En ellas y casi sin querer, garabateaba y escribía frases. Eso en realidad, mucho no ha cambiado, a pesar de que no suele escribir a pulso, sino sobre el teclado del computador. Uno de sus lugares favoritos, es la góndola de artículos escolares, donde hay decenas de cuadernos, block, libretas, etc. Ahora sospecha por qué, le atrapa tanto ese lugar. Cree que los versos aún dormidos en su alma, son quienes aletean en busca de nacer y tatuarse en esas hojas
Hoy tiene su espacio, donde la mente sueña y el alma se arroba con cada verso recién nacido. Un viejo escritorio de madera, le acompaña, y hasta siente a veces, que le susurra historias lejanas. Siente latir historias en cada lugar, en las miradas, en los objetos antiguos y hasta en el silencio.
Cada vez que está frente al teclado, es como si una pequeña cerradura en el cajón principal del escritorio, abriera un pasaje secreto a mundos fascinantes, de los que en ocasiones, le cuesta abandonar.
Dice que es difícil explicar con palabras, lo que sucede en su interior, cuando las palabras se hilvanan en busca de la inmortalidad. Explica que es como una explosión de energía y felicidad, un bombardeo de emociones, un amasijo de sueños que desenredan sus alas y simplemente se elevan…
Quien más que yo puede comprender estas palabras... solo yo, que he visto como se ilumina su interior cuando esas alas mágicas se despliegan y no hay nada que las detenga.
Yo, que se cuán amargas son esas lágrimas que no cuajan en los ojos, pero están inundándole el corazón.
Yo, que he sido quien ha tenido que obligarla a respirar, cuando ese nudo en la garganta, aprieta tanto, que la asfixia.
Yo, que la he visto amar y sufrir, llorar y reír… morir y renacer…
Solo yo, que siempre he estado aquí… pues sigo siendo aquella niña en su interior, aunque ella a veces me olvide.
Mónica Beneroso Salvano
Derechos resevados
Imágen de la web.

lunes, 7 de mayo de 2018

En la alfombra roja





Claro que hay días grises... Días en los que realmente dan ganas de tirar la toalla, de bajar los brazos y rendirse. Días en los que el enojo con la vida misma, no permite ver más allá de ese remolino que zarandea. Días en los que el cielo parece negro y cada cosa a enfrentar, un muro gigantesco de roca dura. Días, en que los ojos no pueden llorar más, porque se han gastado las lágrimas; y noches, en las que el sueño parece haber huido, o hace creer, que confabula con la tristeza.
¡Si! hay muchos días de esos, tantos, que mil veces creemos no aguantar ni un minuto más, porque asfixia, desespera, y en vez de pensar positivamente, a todo le buscamos el punto negativo.
Pero no todos son días oscuros...
Hay días, en los que la vida, nos da un cachetazo para despertarnos y nos quita ese lente trágico y nostálgico. ¡Vaya que los hay!
Y es en esos días, en los que decidimos ponerle color a pesar de… ¡la vida muestra su magia!
Puedo decirte que yo… en esos días, en los que arremeto contra toda tristeza que quiera esclavizar mi ser, es cuando tengo la enorme bendición de ver y sentir, esa maravillosa alfombra roja, que nos tiende la vida…

viernes, 27 de abril de 2018

En la tierra, como en el cielo




Rocío desde pequeña decía recordar un enorme campo de rosas. Decía que venía de allí, que jugaba allí y alguien vestido de blanco, vino a preguntarle si quería volver.
Como ella le dijo que si, este ser, le dio la mano y se dirigieron a una enorme nube de color rosa, y ella sintió que volaba.
Creció siempre con gran amor a las flores, sobre todo a las rosas, así que cuando fue mayor, compró un establecimiento y se dedicó al cultivarlas.
Los últimos años, la acompañaba Ámbar, una perrita, la cual no se despegaba de ella. Pasaban horas en el campo, sentadas en la hierba observando el horizonte, pues hasta allí se extendían las rosas. Podía vérselas a lo lejos. Rocío con un sombrero de paja que la protegía del sol y Ámbar saltando entre las flores.
Al envejecer, siempre dijo que quería que esparcieran allí, sus cenizas.
Un día se sintió mal, y fue su perrita quien alertó a su hijo.
Ella logró llegar a la casa caminando, pero sintiéndose muy mal. La sentaron en una silla bajo el corredor, quitaron su sombrero y le mojaron la cabeza. Siempre le decían que tuviera cuidado con el sol, que estaba demasiado fuerte a veces, cuando decidía salir a caminar. Ámbar se acostó a sus pies y se los lamía, como intentando reanimar a su ama.
Rocío tuvo que ser internada y a los días falleció.
Su familia cumplió con su pedido, y arrojaron las cenizas en el campo de rosas.
La pequeña perrita, se sentaba y observaba el horizonte, buscándola. Pasaba ratos en el campo, luego volvía y se acostaba debajo de la silla, donde su ama estuvo sentada el último día.
Pasaron los días y la perrita hacía su rutina, iba al campo y volvía a la silla.
Una tarde, al cumplirse un mes de la muerte de Rocío, la familia escuchó como Ámbar ladraba muchísimo en el campo, de una manera extraña.
Al rato, la vieron volver corriendo a la casa y ésta vez, no volvió a la silla, sino que fue directo a la falda de una de las nietas de Rocío. Subía y bajaba de la upa y corría a la puerta, mirándolos con gran ansiedad. Roque, el hijo de Rocío y padre de la nena, decidió seguirla.
Era evidente que algo quería. Al llegar al campo, al lugar donde solían sentarse Rocío y la perrita, encontraron el sombrero de paja entre las flores.
Nadie comprendía que hacía allí aquel sombrero. Nadie de la familia, lo había dejado allí. Lo único que les quedaba pensar, era que el viento lo había volado, puesto que lo mantenían en un perchero próximo a la ventana, en la habitación que había sido de Rocío.
Cuando llegó a la casa, Roque subió a la habitación, y no encontró el sombrero ni respuestas, sino más preguntas que nunca tuvieron explicación. Un rosa blanca, perfecta e inmaculada, descansaba sobre la cama de Rocío.

lunes, 9 de abril de 2018

Aún es tiempo





Hay tardecitas que observando las aves regresar a sus nidos, se estremece cada fibra de mi ser y despiertan del letargo aquellos sueños de juventud, donde solo quería agitar las alas y elevarme en busca de nuevos horizontes.
Fueron años difíciles y nuca tomé el toro por las astas. Siempre dejé para después mis anhelos, para contentar a quienes tenía alrededor.
Hasta ahora me doy cuenta el error que cometí, posponiendo tantas cosas.
No fui feliz, e hice infelices a los demás, pues no era mi yo verdadero, quien estuvo junto a ellos.
A veces creo que es tarde, que mis alas han de haber muerto después de tantos años de opresión;  pero cuando veo a estas aves pasar frente a mí, batiendo sus alas con determinación, enfrentando el ocaso sin miedo a perderse, el cosquilleo que se produce en mi interior, me indica que quizá,  aún es tiempo de intentarlo.


Mónica Beneroso
Derechos resevados
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miércoles, 4 de abril de 2018

Lloran las letras…


Lloran las letras…

Se han acordonado las palabras,
redirigiendo su rebaño
hacía un terreno más afortunado,
que las unja de verbos.
En tierra prolífica, echan raíces
los versos, agigantándose
a cada golpe de latidos,
extendiéndose, pero
denotando la ausencia…
La necesidad, se hace urgencia,
el alma se muerde a sí misma,
y la piel,  se calcina de tanta nostalgia.
El insomnio se agiganta, 
con cada pensamiento,
con cada suspiro de hastío,
para luego sucumbir,
abatido por  lágrimas…

Mónica Beneroso
Derechos reservados
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